Cuando tenia 5 años mi papá nos abandono; mi mamá tenía que hacer algo para sacarnos adelante y comenzó con la repostería -entre otras cosas-. Juntos salíamos a vender casa por casa, recuerdo perfecto que iba con mi mamá de un lado de la calle y mis hermanos del otro lado para que pudiéramos abarcar todas las casas de la calle a la par. Desde ese entonces comenzó mi amor por la repostería.
Fui creciendo y sinceramente no fue lo primero que hice en la vida, pero hacia algunos pasteles y postres para regalar a familiares y amigos, tome cursos presenciales y en linea, pero fue hasta el 6 de febrero del 2016 que decidí finalmente darme el tiempo de hacer realidad esto que tanto me gusta. Una noche platicando con mi esposo me dijo: “¡Vas! Si te gusta tanto hazlo”, esa misma madrugada hicimos las redes sociales y al día siguiente me hizo el correo electrónico y la pagina.
Personalmente creo y siento que es una profesión muy bonita, porque aunque ciertamente te pierdes de algunas fechas importantes, reuniones, fiestas, etc. por estar haciendo pasteles para otras fiestas a las que también iras pero no como invitado, es muy grato y satisfactorio saber que fuiste parte de un momento importante e irrepetible de una persona que confió en ti sin siquiera conocerte.
Doy gracias a Dios por la vida de mi esposo Ever, mejor conocido como Don Cotita. Que además de ser maravilloso, es mi apoyo total, literal sin él no podría. Y por mis dos críos que en este momento tienen 5 y 6 años. Es difícil, claro... ¿qué es fácil en la vida?.
Soy afortunada y muy bendecida.
Este negocio para mi es un sueño, me apasiona como loca, me encanta cuidar cada detalle y lo disfruto a cada momento.
Agradezco infinitamente su confianza en cada uno de sus pedidos.
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